Recordar es mentir..............por Rosa Montero
Siempre me ha fascinado el tema de la memoria, quizá porque soy una desmemoriada catastrófica. Estoy constantemente extraviando objetos o traspapelando documentos, y mis gafas son unas criaturas nómadas dotadas de una increíble capacidad de camuflaje. Me paso media vida buscando todo lo que pierdo durante la otra media; y basta que ponga un encendido interés en guardar algo con extremo cuidado para que nunca pueda volver a encontrarlo.
Pero esta desmemoria, la que afecta a las cosas, es la más banal. Mucho peor es no recordar los hechos de tu pasado, y también me sucede. A fin de cuentas, nuestra identidad se basa en la memoria que tenemos de nosotros mismos; si tú quieres explicarle brevemente quién eres a un desconocido, le haces un resumen de tu vida. O, mejor dicho, le haces el relato de lo que tú crees que ha sido tu vida. Porque yo seré especialmente amnésica, desde luego, pero todos los humanos manipulamos nuestros recuerdos, todos nos reinventamos el pasado, todos reescribimos mentalmente nuestra biografía como si se tratara de una novela.
La memoria es un prestidigitador, un mago experto en escamoteos. Recientes estudios publicados en la revista Science han demostrado que hay una zona en el córtex prefrontal que se dedica a eliminar los malos recuerdos. Todos sabíamos ya que, por fortuna, el dolor físico se olvida. Ahora nos dicen que sucede lo mismo con el dolor emocional, y conocemos el lugar del cerebro que se encarga de eso: el cuerpo humano es una máquina asombrosa. Yo creo que no nos limitamos a borrar aquellas remembranzas que nos hacen daño, sino que además las transmutamos en evocaciones felices, en cuentos adecuados para nuestra supervivencia y nuestro alivio. ¿Has probado a intercambiar viejos recuerdos comunes con algún hermano? Seguro que las vivencias son totalmente distintas. Rehacemos constantemente nuestra memoria, que es lo mismo que decir que nos reinventamos cada día; y sin ese derroche de imaginación que convierte el caos y el dolor de nuestra existencia en algo con apariencia de sentido, la vida sería invivible. Puro ruido y furia, como Shakespeare decia.
