El maldito gen.......by Merce Marero
Me encanta la palabra "síndrome". Es uno de estos vocablos que actúa en plan cajón de sastre. En él todo cabe. Síndrome de Ulises, Síndrome de Estocolmo, Síndrome de Diógenes. La palabra "síndrome" da incluso para crear nuevas tendencias sociales y de comportamiento. He oído desde "el síndrome del hombre desubicado" hasta el "síndrome de la mujer abandonada", pasando por el "síndrome de la baja autoestima". Tenemos una tendencia a no llamar las cosas por su nombre. O, mejor dicho, estamos bajo los efectos "del síndrome de la vacuidad de las ideas". ¿Ven qué bien queda? La última estupenda combinación marciana de vocablos es "el síndrome de la mujer despachadora". Según su inventora (una periodista argentina) es lo que sufre la esposa, a la par que amante fogosa y madre perfecta a partes iguales, el día en que envía a su maromillo a paseo. La creadora arguye que dos de cada tres procesos de divorcio son iniciados por féminas. Eso sí, después de que éstas se hayan dejado sangre, sudor y lágrimas en la relación. Nuevamente, la palabreja "síndrome" da cabida a una sarta de chorradillas y lugares comunes.
Bien, pues yo estoy bajo los efectos del "síndrome de la preocupación por el gen". Y, junto a mí, gran parte de las mujeres que conozco. Según un grupo de investigadores suecos, resulta que la infidelidad masculina es cuestión de genes. Me pregunto qué sucederá con la femenina. Seguramente, todavía estamos en el punto en que nosotras, para echar una canita al aire, tenemos que estar enamoradas. El hombre justifica sus vaivenes sexuales en su código genético, mientras que la mujer buscará el perdón a sus escarceos en los argumentos espirituales. Así que, a partir de ya, si nuestros hombres, novios y/o maridos nos ponen los cuernos debemos culpar a sus papis y mamis que le trasladaron esa cadena de ADN defectuosa. Maldita sea la gracia. Lo que está clarísimo es que si no tenemos formalizado ningún tipo de compromiso pero estamos a un tris de realizarlo, debemos forzar a nuestras parejas a que se sometan al test del alelo 334. Los suecos concluyen que si el resultado es positivo, estamos frente a un Casanova en potencia. Imagino la situación. Ya no hará falta que el macho pillado in fraganti trate de justificarse al grito de "Cariño, esto no es lo que parece". Gracias a los científicos del país nórdico, la frase preferida de los polígamos será "Mi amor, la culpa es del gen. No puedo evitarlo". Y nosotras? ¿qué será de nosotras si nos encuentran con las manos en la masa? Deberemos pensar en una excusa plausible y acorde a nuestra genética lineal.
Las cosas debieran ser más simples. Estar en pareja no es ninguna obligación. Así que, ¿por qué no actuar conforme a ello? Si libremente decidimos convivir con Menganito (o con Sutanita), entonces será porque libremente queremos hacerlo. Y, si queremos hacerlo, ¿para qué poner en peligro una situación que nosotros mismos hemos elegido? Y, si por alguna razón, nos da por poner los cuernos y si, por aquello de la mala pata, nos sorprenden, ¿no es mejor y más valiente asumir las responsabilidades antes que darle la culpa a un pobre alelo que pasaba por ahí?



lascosasdepepe dijo
simple y sencillo es cuestion de genes......
un abrazo.
8 Septiembre 2008 | 07:02 PM